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Fluir para vivir, aprendizajes de la pandemia

¡No te desanimes!, ¡Ve el lado positivo!, ¡Se agradecido!, ¡Muchos quisieran estar en tu posición! Sigue adelante, todo se aprovecha, nada se desperdicia…”

Aunque nuestra cultura refuerza de forma sistemática un enfoque positivo y de gratitud continua hacia la vida, ese sentimiento de estancamiento y vacío que algunas personas experimentan y que pareciera no tener una explicación, posee un nombre, LANGUIDECER; en palabras de Adam Grant, “cuando conseguir cosas buenas en la vida es complicado, empezamos a tener la percepción de que mi vida quizás no es tan buena”.

Producto del confinamiento derivado de la pandemia por el COVID-19, este término acuñado por el sociólogo Corey Keyes, ha logrado tener notoria visibilidad gracias a un extraordinario artículo publicado en The New York Times por el psicólogo organizacional Adam Grant en el año 2021.

Así, Languidecer fue la emoción predominante del 2021 y un año después de la pandemia, sigue estando presente.  Cuando languidecemos, dos procesos mentales se ven impactados, uno de ellos es nuestra capacidad para prestar atención; el otro, se refiere a sentirnos motivados y aunque hoy no hablaremos sobre la motivación si conversaremos de una fórmula que nos permite alimentar este importante proceso psicológico.

Vivimos en una cultura que nos exige silenciosamente que todo cuanto hacemos debe apuntar a ser útil, cada gota de tiempo es valiosa y no debe ser “desperdiciada”, antagónicamente, para fluir se requiere hacer algo que puedas disfrutar y que te reconecte contigo mismo y tus capacidades, después de todo, se torna complicado proporcionarle a otros algo que no eres capaz de permitirte a ti mismo.

El COVID-19 nos ha permitido acercarnos a un viaje introspectivo que quizás no hubiésemos profundizado si las condiciones de aislamiento no fuesen parte importante de lo vivido… Incertidumbre, miedo, pena han caracterizado a la pandemia y es en este punto donde nos damos cuenta, cuán importante es dar un espacio a esas emociones “desagradables” para entenderlas y gestionarlas adecuadamente.

Contrario a lo que podemos creer, la habilidad requerida para superar eventos como el confinamiento no era el optimismo, el psicólogo húngaro estadounidense Mihaly Csikszentmihályi, Jefe del Departamento de Psicología en la Universidad de Chicago, identificó que FLUIR representa la habilidad clave para la felicidad, ya que esta implica participar activamente en el mundo. Del mismo modo, también involucra un shot de emociones agradables, capaces de activar nuestro centro de recompensa y alimentar nuestra creatividad.

En función de este hallazgo, el psicólogo Adam Grant planteó un modelo para fluir en 3 sencillos pasos: Atención plena, Dominio e Importancia, ¿en qué consiste cada uno?

Cuando hablamos de ATENCIÓN PLENA nos referimos no solo a estar en el “aquí y en el ahora” para ejecutar una tarea, también, requiere de un límite claro que aleje la tentación de sabotearnos para lograr el éxito de esa ejecución; por su parte, el DOMINIO obedece a obtener ¨sentido de progreso¨, alimentado de pequeñas victorias que en suma se convierten en destrezas. Finalmente, LA IMPORTANCIA, radica en saber que esto que haces marca una diferencia positiva para otras personas en el mundo y no solo involucra un beneficio personal.

Si te sientes cansado y languideces, ya es momento de ¡FLUIR!… ¡Ahora sabes por dónde comenzar!

 

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